Quién eligió mi nombre se quitó la vida antes de yo nacer. Ella, mi tía Juani, sólo tenía 18 años cuando se lanzó al vacío desde el balcón de un noveno piso.  Mi tía fue de las primeras en saber a cerca de mi llegada a este mundo, y cuando su hermana mayor, es decir, mi madre, le dió la noticia de su embarazo, lo dijo bien claro: “si es niña, que se llame Elisabeth”. Mi madre quiso respetar esa voluntad suya, pero las leyes de entonces no permitieron inscribir a un bebé con un nombre que no fuera español. La opción fue llamarme Isabel, pero a mi padre le parecía algo soso y decidió ponerme María delante por su madre, así que le debo a mi abuela Ana María esa parte de mi nombre que significa “la elegida de Dios”. EL nombre Isabel no tiene nada de soso, es rotundo y contundente, como yo, y procede nada menos que de la Diosa egipcia Isis, por lo de  “Isis bella”. Así que no podía tener un nombre con más poderío, una Diosa elegida por Dios… ta vez por eso, para quitarme ese poder, inconscientemente mis padres decidieron llamarme Mari, “la Mari”, así es como todavía me llaman en casa de mis padres, mis hermanos y parientes más cercanos. Pero para el resto de los mortales soy Maribel, y aunque tuve mi época new age donde recibí un nombre espiritual, Harchanan Kaur, ya hace tiempo que decidí volver al origen, al hogar, y recuperar el nombre que me dieron al nacer, que para mi es el que cuenta.

Y  esa soy yo, Maribel Ariza Luque, catalana de padres andaluces, separada de un escocés y recientemente asentada en un pueblecito de la provincia de Málaga, Cuevas de San Marcos, donde la vida parece estar queriéndome dar una segunda oportunidad.

Siempre he hecho lo que me ha dado la gana.  Tengo claro que vine a este mundo a romper patrones y me he ganado sobradamente ganado el calificativo de rebelde en cada etapa de mi vida. Estudié Turismo porque a esa edad preferí   viajar y conocer mundo en lugar de pasar largas horas estudiando para sacar una carrera “de provecho”.

En Londres conocí al padre de mis hijas y juntos decidimos establecernos en Barcelona. No tuve éxito en mi profesión, me despedían de todos los trabajos por no encajar en el sistema y en un arrebato decidí dejarlo todo para ser madre a los 27 años. Tengo dos maravillosas hijas de 11 y 12 años que han sido mi motor y la inspiración para cambiar por completo mi forma de ver y entender la vida.

Emprendí  distintos proyectos empresariales. Primero junto a mi ex-marido, lo que nos costó el divorcio, y más tarde en solitario. Decidí gestionar los giros del destino apostándolo todo al corazón y empecé a soltar todo lo que no era genuinamente mío con el firme propósito de vivir en libertad. No me arrepiento en absoluto. Perdí casi todo en el proceso, pero recuperé lo más importante, mi dignidad, mi autoestima y mi poder como mujer. Mis hijas me acompañan y como nunca dejé de creer en el amor, el destino me brinda ahora una segunda oportunidad.

He recorrido un largo camino desde que tomé la decisión de cambiar mi destino y ser feliz. No ha sido fácil, pero todos y cada uno de los pasos, caídas y cambios de rumbo han hecho de mi lo que soy ahora. Aprendi que la felicidad no es la meta, si no un modo de caminar, y que la única forma evitar decepciones es no esperar nada.

Nada sucede porque si. Ahora tengo una hermosa oportunidad para abrirme al mundo desde la seguridad que me ha dado la experiencia de lo vivido. Por primera vez en mi vida no espero nada, simplemente hago lo que me gusta y disfruto del camino a cada paso. Sin embargo tengo un claro propósito, servir de inspiración a todos aquellos que sientan, vibren o vivan como yo. Si ese es tu caso y sientes que te ayudaría compartir tu historia conmigo, me encantaría escucharte. Escríbeme!

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