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Abraza tu crisis como un regalo para renacer…todas las veces que haga falta.

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Despierta! No seas más una víctima. Todo esto que te está pasando no es más que la culminación de una etapa. Si logras entender esto y atravesarlo venciendo las trampas del ego, estarás entrando en un nuevo portal para el cambio.

Una crisis personal puede ser un maravilloso regalo en el camino hacia la madurez espiritual. Cuando aprendemos a aceptar ese regalo, sin duda experimentamos algo realmente hermoso, un renacimiento.

He sido testigo y acompañante de muchas crisis, a nivel personal he atravesado otras tantas, incluso podría decirte que en este preciso momento me encuentro saliendo de una de ellas. Y es que a estas alturas ya deberías saber que en lo que se refiere a madurar espiritualmente  hay que estar dispuesto a salir de la zona de confort y comenzar de nuevo una y otra vez, tantas veces como sea necesario.

Lo se, es muy cansado. Yo misma he llegado a pensar eso de “a la mierda con mi crecimiento espiritual! Yo me quedo aquí en mi burbuja, feliz como una perdiz rodeada de todo lo que me reconforta”. Algo perfectamente valido, pues somos libres de decidir como queremos vivir nuestra vida en cada momento.  Aunque si te digo la verdad, mi experiencia me ha demostrado que esa felicidad es un falso contentamiento basado en la obtención de placeres que satisfacen al ego y por consiguiente te alejan cada vez mas de tu verdadera esencia, lo que irremediablemente te lleva de nuevo al dolor. Y ahí estas otra vez de vuelta al principio.

 

Todo en esta existencia es cíclico, nada es eterno excepto el cambio. Nuestro desarrollo personal y espiritual se debe a los cambios ciclicos en las diversas etapas de nuestra vida. Cada cambio esta marcado por un periodo de transición que vivimos en forma de crisis.

Cuando algo se desmorona, nuestro primer impulso es querer reconstruir todas las piezas rotas y recuperar nuestra antigua vida. Pero al hacer eso nos perderíamos lo que una crisis realmente nos ofrece: tomar conciencia de lo que no esta funcionando en ese momento y abrirnos a un potencial para el cambio.

Es propio de la naturaleza del ser humano evitar las barricadas emocionales que boicotean el camino hacia la madurez espiritual. Por eso muchas veces  buscamos el camino fácil y nos deleitamos en el lento y constante ritmo del viajero ordinario. Sin embargo, si verdaderamente queremos madurar espiritualmente y avanzar en nuestra escala evolutiva, hay que convertirse en un viajero extraordinario. Para ello se requiere de un tipo de cambio que nos permita llegar a las coyunturas clave. Ese tipo de cambio es lo que seria una transición espiritual, un pasaje excepcionalmente difícil que hace que todos nuestros fundamentos se tambaleen y necesitemos replantearnos un nuevo propósito de vida.  Esas transiciones son una oportunidad disfrazada de perdida, la posibilidad de fortalecer el hilo de la conciencia que conecta lo externo con lo interno para descender así a lo mas profundo del alma.

Mantente Atento en las Transiciones Espirituales

Toda transición implica el hecho de encontrarse entre dos mundos. Asi como una serpiente transita por un breve periodo de ceguera después de mudar la piel, tu también estas temporalmente ciego. No eres ni tu ser antiguo ni tampoco uno nuevo. Ese amorfo y transicional sentimiento puede resultar de lo mas desafiante, pudiendo llegar a manifestarse en todas las áreas de tu vida. Debes tener clara la misión de estas transiciones espirituales y bajar el ritmo, detenerte por completo si es necesario y centrarte en tu corazón. Es el momento de dirigir la mirada a lo mas profundo del alma y erradicar todas las falsas aflicciones producto de la ignorancia espiritual que están bloqueando tu progreso.

Responde a la Llamada para el Despertar

El sentimiento de que tu vida se desmorona es la llamada al despertar con la que comienza toda transición. La llamada puede llegarte de distintas formas: como una enfermedad o accidente, como una situación o relación nociva, una traición, la muerte de un ser querido, la urgencia de acudir a terapia o la necesidad de comenzar un periodo de autoconocimiento… Todas estas formas son oportunidades para trascender el lamento “Por que me esta sucediendo a mi esto?” y buscar un propósito mayor detrás de la crisis. Durante esta aguda fase podrías experimentar lo que los antiguos yoguis llamaban asmita, una ruptura del ego o del sentido de “yo soy” que resulta en una tendencia a aferrarse a las viejas definiciones del Ser: la Proveedora, la Responsable, la Cuidadora, la Oveja Negra, la Jefa, la Martir, etc.  El responder a la llamada para el despertar significa dejar atrás,  al menos por un momento, ese territorio en el que te movías tan cómodamente, lo que puede provocar en ti un enorme sentimiento de desamparo.

En ese preciso instante es cuando cobra sentido llevar a cabo una practica de yoga restauradora (yin yoga es perfecto en estas situaciones) y conectar con tu respiración , ya sea con técnicas formales de pranayama o simplemente enfocandote en el flujo de tu respiración. Imagina ese hilo de conciencia conectando tu mente externa con lo mas profundo de tu Ser; con cada exhalación desciende mas y mas ese hilo de conciencia hasta el centro de tu corazón. Esa creciente conexión con tu Ser mas profundo se convertirá en tu mejor aliada en las etapas mas duras del proceso.

Evita el Vacio entre Tu y tu Ser

A medida que dejas tu antiguo y nocivo mundo atrás, puede que experimentes un profundo sentimiento de separación. Este “dejar ir” es otro de los paralelismos con tu practica de yoga. Yo personalmente sentí la necesidad de renunciar a (que no renegar de) mi forma habitual de yoga en detrimento de una practica mas enraizadora e internamente reflexiva. Sin duda alguna, el verdadero yoga es aquel que se practica fuera de la esterilla. Desgraciadamente, muchos caemos en el error de machacarnos, tal vez en una confusión a cerca de la idea del compromiso y la disciplina, dedicando horas y horas a la practica en una absurda búsqueda de todavía no se muy bien que.  Debes tener muy claro que no se medita ni se practica yoga para conseguir algo, una actitud y un propósito erróneos puede llevarte a la mayor neurosis que puedas experimentar jamas.  El único propósito es la presencia, sentir y reconocer lo que eres, obtener discernimiento para elegir lo que mejor se adapta a tus necesidades en cada momento y emprender las acciones adecuadas para servir a tu verdadera esencia.

Tu desafío ahora es echar un vistazo al modo en que has estado viviendo y hacer una poda de todos los malos hábitos y creencias que una vez fortalecieron tu ego pero que en este momento ya no te sirven: una relación abusiva o sin vida, una adiccion, una historia de falta de poder, de exceso de trabajo o el castigarte continuamente como un reflejo de auto-odio, por ejemplo. A medida que hagas esto, te estarás enfrentando al gran vacio que yace debajo. Trasciende klesha, la aversion al dolor y supera el miedo de lanzarte al vacío. Enfrentarse a ese vacío interno es como hacer borrón en una pizarra, dejando el camino libre para el cambio y la regeneracion. Aquí puedes cultivar pratyahara (la absorcion de los sentidos), siéntate con tu dolor sin permitir que te consuma ni identificarte con el.

Explora tu lado oscuro

Si has llegado hasta aquí, significa que ya estas listo para una peregrinación extraordinaria a las profundidades de tu submundo.  Aquí puedes simultáneamente sufrir la muerte de quien creías que eras y encontrarte de frente con tu sombra: esos aspectos de ti que mantienes ocultos, las cualidades, comportamientos y motivaciones que tal vez no reconozcas en ti fácilmente.

Las acciones de enfrentarte a tu subconsciente y reconocer tu sombra provocan lo que los yoguis llamamos abhinivesha, el miedo a la muerte y la tendencia a aferrarse a la vida. Aunque dolorosa, la muerte del ego se convierte en algo esencial, seria algo así como el ave fénix, poder renacer de las cenizas y volver de nuevo a la vida en una forma mas madura. En esa muerte atravesamos las estructuras defensivas que enmarcan nuestra personalidad de forma que podemos acercarnos mas a nuestra alma.

Emerger intacto de ese estado no es tarea fácil. Aquí puede ser  de gran ayuda explorar samadhi, la absorción total en lo divino. Una forma efectiva de experimentar esto es yendo a Savasana (postura de cadaver),  que es lo que normalmente hacemos al final de una clase de yoga. No te estafes con una falsa creencia de falta de tiempo para prescindir de Savasana, date el permiso de rendirte y descansar. Precisamente en ese espacio que se crea es donde vas a integrar todo el trabajo. Practica una rendición total al proceso de muerte en la postura de Savasana, te será de gran ayuda  para despertar a un estado mas profundo del Ser.

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Encuentra el Oasis

Tal vez la contracción del dolor y el sufrimiento experimentado por la muerte del ego puedan cerrar tu corazón y hacerte sentir seca, estéril, exiliada. Esto puede llegarte a parecer un yermo espiritual, pero es uno de los mas ricos y frondosos caminos de tu despertar. Aunque todavía no seas capaz de verlo, las semillas de tu nuevo ser están brotando bajo el terreno de tu conciencia. Aquí me acuerdo de la necesidad de estimular avidya (ignorancia o desilusión): no puedes ver aquello que crece en el interior. También puedes tener problemas para reconocer la etapa final de tu transición precisamente por lo que es, un pasaje a través del canal de nacimiento.

Avidya te obliga a precipitarte en tu incipiente yo espiritual, a reestructurar tu vida, construir un nuevo ego y dar por finalizado este aparentemente interminable periodo de espera. Para contener la tensión de la espera cultiva dhyana, la meditación. Meditar otorga paciencia, solo tienes que sentarte como un arte, sin esperar nada, solo siéntate con el presente y practica la atención plena. Sintoniza con el sonido de tu corazón, la voz de tu alma, y deja que esa voz te guíe.

Entonces comienza una y otra vez

Finalmente, después de toda esa espera, te mueves a través del canal de nacimiento y renaces a una nueva versión de ti mismo. Pero cuidado con raga, el apego al placer. Ahora que ya has superado el doloroso proceso de sufrimiento y muerte, seguramente estaras poco o nada dispuesto a experimentarlo de nuevo. Puede que tengas prisa por establecer un apego a tu nueva identidad. Aunque, como te decía al principio, si lo que realmente quieres es desarrollo espiritual, yo que tu no me acomodaría demasiado. Si la madurez de espíritu es realmente tu prioridad, no te distraigas con el canto de sirena de raga.

Una transición espiritual es como un cuchillo de talla, corta y perfora, pero también te reafirma y rehace. Las transiciones son una oportunidad para reinventarnos por completo, para darnos a nosotros algo mucho mejor. Son ventanas a través de las que poder vislumbrar quienes somos realmente y todo nuestro abanico de posibilidades. Estas transiciones no son solo una necesidad emocional, son un imperativo espiritual.

A medida que aprendemos a reconocer y aceptar el extraordinario poder de cambio y desarrollamos el arte de la rendición, somos recompensados con un despertar a la alineación natural entre el cuerpo, la mente y el espíritu que siempre ha existido en nosotros.

Así de simple, así de sencillo, no hay nada mas, solo conciencia. Y es ahí donde radica la importancia de mantener una practica constante que se adapte a tus necesidades en cada momento.  En la esterilla, practica yoga con amor, por amor, para darte amor, sin esperar nada a cambio. Fuera de la esterilla, tu practica puede tomar mil formas distintas, puede ser cualquier cosa que hagas desde la conciencia simplemente por puro amor, que te recuerde la divinidad que hay en ti y te permita evadirte de la mente boicoteadora siguiendo el pulso de tu corazón.

Haz de tu vida una meditación y ríndete a lo que ya eres, puro amor.

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